25 de julio es el día internacional de la mujer afro-caribeña, afro-latina, y de la diáspora

La población de mujeres afrodescendientes es de 150 millones en América Latina y el Caribe, la mayor concentración está en países como Brasil, Colombia y Venezuela; en éstos al igual que en Bolivia, Perú, Chile, Ecuador y México, la situación de desigualdad y una distancia que no se acortó con el tiempo, las mantiene sumidas en la pobreza, debido a la poca accesibilidad a bienes y servicios. Que al igual que a los indígenas las convierte en los más pobres entre los pobres.

Carlos Hasenbalg argumenta que, más allá de las diferencias entre los distintos países, es posible identificar, a partir de la concepción de las elites políticas e intelectuales, «síntomas del tipo latino» en las relaciones sociales: una visión de armonía, tolerancia y ausencia de prejuicios y discriminación racial, junto con una visión de las sociedades como esencial y preponderantemente blancas y de cultura europea. Esto tiene como consecuencia un intento de «emblanquecimiento» por medio de políticas de población e inmigración en los diferentes países, lo que finalmente genera un «efecto mágico» de ocultamiento del racismo y la discriminación.

nuso.org

La sociedad no es la única que desestima la necesidad de políticas de inclusión de ellas, es muchas veces también puesta en lugar secundario dentro del movimiento negro y feminista de la región. Lo que ha dado lugar a una constante y sistemática crítica de la forma como son invisibilisadas por dichos movimientos. Las mujeres afrodescendientes no son interlocutoras en éstos, de la manera como lo son las mujeres blancas y los hombres.

La Conferencia Mundial de Durban de 2001 fue convocada bajo el eslogan «Unidos para combatir el racismo: igualdad, justicia y dignidad» y se conecta a la declaración de 2001 como «Año Internacional de Movilización contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia». La Declaración y el Programa de Acción de Durban definieron más claramente quiénes son las víctimas y diagnosticaron diferentes formas de exclusión que deben ser combatidas: las múltiples formas de discriminación que afectan a las mujeres e impiden que disfruten de sus derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales; las desigualdades generadas por las condiciones de raza, color, idioma u origen nacional o étnico; los motivos relativos al sexo, idioma, religión, opiniones políticas o de otra índole; y las barreras de origen social, la situación económica, el nacimiento u otra condición.

En la Conferencia de Durban, se reafirmó la visión sobre el derecho de los pueblos oprimidos a una reparación, al considerar que la esclavitud y la servidumbre sufridas por los descendientes de africanos, caribeños y pueblos indígenas, cuyas secuelas todavía están vigentes, constituyeron crímenes de lesa humanidad amparados por una ideología racista y colonialista. Para avanzar en estas reparaciones, se recomendó a los países generar políticas específicas. Sueli Carneiro destaca el hecho de que los documentos aprobados en Durban instan a los Estados a adoptar políticas tendientes a la eliminación de la desigualdad racial y de género como parte de las metas que sus políticas universalistas deben alcanzar. Por su parte, Rosana Heringer afirma que una de las actividades más interesantes de la Conferencia fue el Foro de ONG organizado por la Comisión de Género: «Con la participación de más de 500 mujeres a lo largo del día (…), cumplió su misión de servir como un espacio de encuentro de mujeres de todo el mundo, contribuyendo a la lucha antirracista. Después de más de 10 horas de trabajo, se llegó a un conjunto de propuestas y análisis destinados a sostener la declaración final».

Las recomendaciones dieron sus primeros resultados. Luego de la conferencia, 14 países latinoamericanos crearon instancias orientadas al tratamiento de las cuestiones raciales y de discriminación racial y étnica: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Perú, Uruguay y Venezuela. Se trató, en suma, de la cristalización de las propuestas elaboradas por la sociedad civil, en negociación con los gobiernos, para poner en práctica la indicación de que los países avancen de manera más decisiva en la implementación de los planes de acción.

Los movimientos feministas y negros, así como las organizaciones de mujeres negras, partieron de los reclamos históricos de visibilidad, respeto a las diferencias e inclusión social, y lograron abrir caminos independientes sobre la base de aprendizajes mutuos de construcción de agendas compartidas, pese a las diferencias y las especificidades. Las mujeres negras han alcanzado, desde el punto de vista político, «la mayoría de edad».

Los intereses de los movimientos sociales no son exactamente los mismos, sobre todo en relación con los gobiernos y los organismos internacionales. Dilemas y conflictos se mezclan con propuestas de transformaciones sociales. Un buen ejemplo de ello son las conferencias mundiales, que parten de la necesidad de negociación y mediación de agendas políticas para generar propuestas de acciones tendientes a la construcción de una estrategia común.

El eje de la agenda es la igualdad racial. Sin embargo, la lucha por alcanzarla debe estar mediada, cada vez más, por las cuestiones de género, desde una perspectiva de intersección entre género y raza.

Textos de Matilde Ribeiro y Vida Latinoamericana


Resumenlatinoamericano.org

La Declaración del Foro de Organizaciones Feministas es de gran importancia debido a que muchas mujeres lesbianas, bisexuales y trans son sometidas a violaciones de sus DDHH no sólo por pertenecer a la comunidad sino también por ser mujeres. Hoy conmemoramos la lucha de mujeres afrolatinas y afrocaribeñas pertenecientes a la comunidad LGTBI como Sylvia Rivera la mujer trans y afrolatina que lanzó la primera piedra ante la represión policial en Stonewall que originó el día del Orgullo LGBTI y Marielle Franco mujer bisexual, afrolatina, feminista y activista de DDHH tanto de la comunidad LGTBI como de otros sectores vulnerables de Brasil.

Marielle Franco fue constantemente violentada por autoridades estatales en Brasil donde llevaba a cabo su activismo siendo concejala del Ayuntamiento de la ciudad de Río de Janeiro en 2016 donde fue conocida como defensora de derechos humanos, derechos de las mujeres y trabajó por los derechos de las mujeres afrolatinas, como también de la comunidad LGTBI. Denunció públicamente abusos de poder y ejecuciones extrajudiciales por parte de la policía y fue nombrada relatora de la comisión encargada de vigilar las fuerzas armadas responsables de la seguridad pública. 

Marielle fue asesinada marzo del 2018 y hasta la fecha no se ha hecho justicia en cuanto a su ejecución, Amnistía Internacional sigue recolectando firmas para exigir la las autoridades de Brasil que se cumpla con los procesos judiciales correspondientes.

Amanda Mirabal

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