El golpe de estado en Bolivia tiene todo que ver con la pantalla que usas para leer esto

Evo Morales llegó a la victoria en 2006 con la promesa de un nuevo día para Bolivia, pero los intereses mineros se han defendido.

Cuando usted mira la pantalla de su computadora, o la pantalla de su smartphone o la pantalla de su televisor, es una pantalla de cristal líquido (LCD). Un componente importante de la pantalla LCD es el indio, un elemento metálico poco común que se procesa a partir de concentrado de zinc.

Las dos fuentes más grandes de indio se encuentran en el este de Canadá (Mount Pleasant) y en Bolivia (Malku Khota). Los yacimientos de Canadá tienen el potencial de producir 38,5 toneladas de indio al año, mientras que las considerables minas de Bolivia podrían producir 80 toneladas al año.

La South American Silver Corporation de Canadá -ahora TriMetals Minera- había firmado una concesión para explorar y eventualmente explotar Malku Khota. El trabajo comenzó en 2003, dos años antes de que Evo Morales y el Movimiento por el Socialismo (MAS) ganaran sus primeras elecciones presidenciales en Bolivia. South American Silver realizó varios estudios de la región, todos los cuales encontraron depósitos sustanciales que estaban a punto de convertir a esta firma canadiense en uno de los principales actores de la industria minera.

Un estudio realizado por Allan Armitage y otros para South American Silver, y entregado a la compañía en 2011, mostró que la mina Malku Khota produciría cantidades sustanciales de plata, indio, plomo, zinc, cobre y galio. “El indio y el galio”, señala el estudio, “son considerados como metales estratégicos que dan al proyecto un potencial alcista futuro”. El galio se utiliza para termómetros y barómetros, así como en el sector de pruebas de la industria farmacéutica. Hay un tesoro a nivel de Fort Knox que se puede hacer de estos minerales.

Nacionalizar los recursos

Evo Morales logró la victoria en 2006 con la promesa de un nuevo día para Bolivia. La clave de su agenda era tomar el control de los recursos del país y utilizarlos para mejorar la calidad de vida de las poblaciones más desfavorecidas de Bolivia. Una de las grandes tragedias de Bolivia ha sido que desde mediados del siglo XVI, las poblaciones indígenas han tenido que trabajar para sacar riquezas preciosas de debajo de sus tierras y enviarlas para enriquecer a los pueblos de Europa y más tarde de América del Norte. No se beneficiaron de esas riquezas.

Millones de personas murieron en las minas de Potosí para sacar la plata, y luego el estaño, de la tierra. Para los indígenas que viven cerca y en el cerro, todo está al revés: uno de los cerros más lucrativos es el Cerro Rico, mientras que en español hay una frase que juega con la idea de que la riqueza es equivalente a Potosí (vale un Potosí). El mensaje de Morales durante su campaña se enmarcó en el concepto de nacionalismo de recursos: utilizar nuestros recursos para mejorar las vidas de quienes viven en la privación y la indignidad.

Morales se dedicó por primera vez a la industria del petróleo y el gas. Es importante recordar que su oponente en las elecciones de este año -Carlos Mesa- fue el presidente justo antes de que Morales ganara las elecciones en diciembre de 2005. Mesa había llegado al poder cuando su predecesor Sánchez de Lozada renunció en desgracia por las manifestaciones masivas de 2003 cuando los bolivianos exigieron más control sobre sus reservas de gas (la represión estatal fue severa, con al menos 70 personas muertas en las manifestaciones). En mayo de 2006, poco más de tres meses después de haber prestado juramento como presidente Morales, anunció que la industria del petróleo y el gas había sido nacionalizada. Es importante recordar que su índice de aprobación estaba muy por encima del 80 por ciento.

La nacionalización no fue fácil, ya que el gobierno boliviano no podía expropiar los activos, sino sólo aumentar los impuestos y renegociar los contratos. Incluso en este caso, el gobierno se enfrentó a problemas, ya que carecía de la capacidad técnica suficiente para comprender el opaco sector energético. Además, el problema del sector energético es que incluso el petróleo y el gas nacionalizados deben ser vendidos a las empresas transnacionales que los procesan y comercializan; ellos siguen teniendo el control de la cadena de valor. Lo que el gobierno de Morales pudo hacer fue asegurarse de que el Estado controlara el 51 por ciento de todas las empresas privadas de energía que operaban en Bolivia, lo que permitió que las arcas del Estado se llenaran rápidamente. Fue este dinero el que se invirtió para luchar contra la pobreza, el hambre y el analfabetismo.

Venganza de las Compañías Mineras

El Instituto Fraser de Canadá, un grupo de expertos libertario financiado en gran medida por el sector de la energía y la minería, publica una encuesta anual de las empresas mineras. Esta encuesta se lleva a cabo preguntando a los ejecutivos mineros sus opiniones sobre una serie de temas. La encuesta de 2007-08 decía que Bolivia es el segundo peor país para la inversión; el peor fue Ecuador. En 2010, el índice Ease of Doing Business del Banco Mundial clasificó a Bolivia en 161 de los 183 países. Los jefes de las empresas mineras -desde Peter Munk de Barrick hasta Antonio Brufau de Repsol- hicieron comentarios despectivos sobre el programa de nacionalización. “Si Bolivia sigue por este camino”, me dijo un banquero de Wall Street en ese momento, “estas compañías se asegurarán de que el gas natural boliviano permanezca bajo tierra”. Bolivia podría ser embargada; Morales podría ser asesinado.



Cada día aumentaba la presión sobre el gobierno del MAS, que inició un proceso para redactar una nueva Constitución que protegería la naturaleza e insistiría en que la riqueza de los recursos se utilizara para el pueblo. Aquí hubo una contradicción inmediata: si el gobierno del MAS iba a deshacer siglos de privaciones, tendría que minar la tierra para sacar la riqueza. Una elección trágica le sucedió al gobierno: no pudo conservar la naturaleza y transformar las miserables condiciones de la vida cotidiana con el mismo nivel de precaución. Al mismo tiempo, para llevar sus minerales y energía al mercado, tuvo que seguir negociando con estas empresas transnacionales; no había una alternativa inmediata.

Nacionalización

A pesar de las limitaciones, el gobierno del MAS continuó nacionalizando los recursos e insiste en que las empresas estatales sean socios en la extracción de recursos. Las empresas transnacionales llevaron inmediatamente a Bolivia ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI), que forma parte del sistema del Banco Mundial. El CIADI -formado en 1966- tiene su sede en Washington, D.C., y comparte una visión de los negocios que refleja la del Departamento del Tesoro de Estados Unidos.

El 29 de abril de 2007, los líderes de Bolivia (Evo Morales), Cuba (Carlos Lage), Nicaragua (Daniel Ortega) y Venezuela (Hugo Chávez) firmaron una declaración para crear una alternativa al sistema de gobierno-inversor institucionalizado en el CIADI. Bolivia y Ecuador se retiraron formalmente de este sistema dominado por Estados Unidos, mientras que la Corte Suprema de Venezuela declaró que no tenía el poder de intervenir en los asuntos soberanos de Venezuela.

El 10 de julio de 2012, el gobierno de Morales nacionalizó la propiedad de Malku Khota de South American Silver. El director ejecutivo de la compañía, Greg Johnson, dijo que estaba “realmente conmocionado” por la decisión. Las acciones de South American Silver cayeron inmediatamente; el 6 de julio cotizaban a 1,02 dólares, y el 11 de julio cayeron a 0,37 dólares.

El estímulo inmediato para la nacionalización fue la protesta alrededor de la mina por parte de los mineros artesanales indígenas que no querían que este megaproyecto socavara su sustento. South American Silver había gastado mucho dinero para convencer a 43 de las 46 comunidades vecinas de que aceptaran la mina, pero no pudieron convencer a los mineros artesanales. “La nacionalización es nuestra obligación”, dijo Morales.

Todo ese indio no llegaría en cantidades significativas a las fábricas para producir LCD para televisores, monitores de computadora y teléfonos celulares.

South American Silver llevó al gobierno boliviano ante la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya. En noviembre del año pasado, la Corte ordenó a Bolivia que pagara a South American Silver $27.7 millones en lugar de los $385.7 millones que TriMetals (el nuevo nombre de South American Silver) había exigido.

Golpe de Estado boliviano

En julio de 2007, el embajador de Estados Unidos Philip Goldberg envió un cable a Washington en el que señalaba que empresas mineras estadounidenses se habían acercado a su embajada para preguntarle sobre el clima de inversión en Bolivia. Goldberg consideró que la situación de las empresas mineras no era buena. Cuando se le preguntó si podía organizar una reunión con el vicepresidente Álvaro García Linera, dijo: “Lamentablemente, sin dinamita en las calles, es incierto si la Embajada o las compañías mineras internacionales podrán alcanzar incluso este objetivo mínimo”.

“Sin dinamita en las calles” es una frase en la que vale la pena insistir. Un año después, Morales expulsó a Goldberg de Bolivia, acusándolo de ayudar en las protestas en el pueblo de Santa Cruz. Poco más de una década después, fue la “dinamita” la que le quitó el poder a Morales.

El nacionalismo de recursos ya no está en la agenda en Bolivia. El destino de Malku Khota es desconocido. El destino de tu pantalla está garantizado, será reemplazada por el indio de los depósitos de Potosí. Y los beneficios de esa venta no se destinarán a mejorar el bienestar de la población indígena de Bolivia, sino que enriquecerán a las empresas transnacionales y a la vieja oligarquía de Bolivia.

Fuente: citizentruth.org


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