La patocracia del estado profundo: tiranía a manos de un gobierno psicópata

Hace veinte años, el titular de un periódico hizo la pregunta:

“¿Cuál es la diferencia entre un político y un psicópata?”

La respuesta, entonces y ahora, sigue siendo la misma:

Ninguna

No hay diferencia entre psicópatas y políticos…

Tampoco hay mucha diferencia entre los estragos causados ​​en vidas inocentes por, indiferentes, insensibles, egoístas, irresponsables, delincuentes parásitos y funcionarios electos que mienten a sus electores, intercambian favores políticos por contribuciones de campaña, hacen la vista gorda a los deseos del electorado, engañan a los contribuyentes con dólares ganados con esfuerzo, favorecen a la élite corporativa, afianzar el complejo industrial militar y no pensar mucho en el impacto que sus acciones irreflexivas y apresuradamente promulgaron sobre ciudadanos indefensos…

Los Psicópatas y los políticos tienden a ser,

  • egoístas
  • insensibles
  • usuarios implacables de otros
  • irresponsables
  • mentirosos patológicos
  • simplistas
  • estafadores
  • carentes de remordimiento
  • superficiales

Políticos carismáticos, como psicópatas criminales,

  • exhibir una falta de aceptación de responsabilidad por sus acciones
  • tener un alto sentido de autoestima
  • son crónicamente inestables
  • tener estilos de vida socialmente desviados
  • necesita estimulación constante
  • tener estilos de vida parasitarios
  • poseer objetivos poco realistas

No importa si estás hablando de demócratas o republicanos (u otros, en todo el mundo)…

Los psicópatas políticos están todos cortados en gran medida del mismo tejido patológico, rebosantes de un encanto aparentemente fácil y con mentes calculadoras.

Tales líderes eventualmente crean patocracias:

sociedades totalitarias que apuestan por el poder, el control y la destrucción de la libertad en general y de quienes ejercen sus libertades.

Una vez que los psicópatas ganan poder, el resultado suele ser alguna forma de gobierno totalitario o una patocracia.

“En ese momento, el gobierno opera en contra de los intereses de su propio pueblo, excepto para favorecer a ciertos grupos”, señala el autor James G. Long.

“Actualmente estamos presenciando polarizaciones deliberadas de ciudadanos estadounidenses, acciones ilegales y una adquisición masiva e innecesaria de deuda.

Esto es típico de los sistemas psicópatas, y cosas muy similares ocurrieron en la Unión Soviética cuando se extendió en exceso y colapsó”.

En otras palabras, elegir a un psicópata para un cargo público equivale a hara-kiri nacional, el acto ritualizado de autoaniquilación, autodestrucción y suicidio.

Señala la desaparición del gobierno democrático y sienta las bases para un régimen totalitario que sea legalista, militarista, inflexible, intolerante e inhumano.

Increíblemente, a pesar de la clara evidencia del daño que ya ha sido infligido a nuestra nación y a sus ciudadanos por un gobierno psicópata, los votantes continúan eligiendo psicópatas para posiciones de poder e influencia.

Según el periodista de investigación Zack Beauchamp,

“En 2012, un grupo de psicólogos evaluó a cada presidente desde Washington hasta Bush II, utilizando, ‘estimaciones del rasgo de psicopatía derivadas de datos de personalidad completados por expertos históricos de cada presidente’.

Descubrieron que los presidentes tendían a tener la intrépida característica del psicópata y sus bajos niveles de ansiedad, rasgos que parecen ayudar a los presidentes, pero que también pueden hacer que tomen decisiones imprudentes que perjudican la vida de otras personas”.

La disposición a priorizar el poder por encima de todo, incluido el bienestar de sus semejantes, la crueldad, la insensibilidad y la falta total de conciencia son algunos de los rasgos definitorios del sociópata.

Cuando nuestro propio gobierno ya no nos ve como seres humanos con dignidad y valor sino como cosas para ser, manipulado, maniobrado, extraído para obtener datos, maltratado por la policía, engañado para creer que tiene nuestros mejores intereses en el corazón, maltratado, encarcelado si nos atrevemos a salir de la línea, y luego castigado injustamente sin remordimiento,

…todo el tiempo negándose a reconocer sus fallas, entonces ya no estamos operando bajo una república constitucional.

En cambio, lo que estamos experimentando es una patocracia:

tiranía a manos de un gobierno psicópata, que “opera en contra de los intereses de su propia gente, excepto para favorecer a ciertos grupos”.
Fuente

Peor aún, la psicopatología no se limita a aquellos en altos cargos de gobierno: Se puede propagar como un virus entre la población…

Como concluyó un estudio académico sobre patocracia, “la tiranía no florece porque los perpetradores son indefensos e ignorantes de sus acciones. Florece porque se identifican activamente con aquellos que promueven actos viciosos como virtuosos”.

Simplemente, la gente no se alinea y saluda. Es a través de la identificación personal con un líder, partido u orden social dado que se convierten en agentes del bien o del mal.

Mucho depende de cómo los líderes, “cultivan un sentido de identificación con sus seguidores”, dice el profesor Alex Haslam.

“Quiero decir que una cosa bastante obvia es que los líderes hablan sobre ‘nosotros’ en lugar de ‘yo’, y en realidad de lo que se trata el liderazgo es de cultivar este sentido de identidad compartida sobre ‘nosotros mismos’ y luego hacer que las personas quieran actuar en términos de ese ‘nosotrosmismos’, para promover nuestros intereses colectivos…

[Nosotros] es la única palabra que ha aumentado en los discursos inaugurales durante el siglo pasado… y la otra es ‘América’ (aka Estados Unidos).”

El objetivo del estado corporativo moderno es obvio:

promover, cultivar e incorporar un sentido de identificación compartida entre sus ciudadanos.

Para tal fin, “nosotros el pueblo” nos hemos convertido en “nosotros el estado policial”…

Nos estamos convirtiendo rápidamente en esclavos de una máquina de gobierno totalitaria burocrática sin nombre, que erosiona implacablemente nuestras libertades a través de innumerables leyes, estatutos y prohibiciones.

Cualquier resistencia a tales regímenes depende de la fuerza de las opiniones en la mente de aquellos que eligen defenderse.

Lo que esto significa es que nosotros, la ciudadanía, debemos tener mucho cuidado de no ser manipulados para marchar a la par con un régimen opresivo.

Escribiendo para ThinkProgress, Beauchamp sugiere que, “una de las mejores curas para los malos líderes puede ser la democracia política”.

Pero, ¿qué significa esto realmente en términos prácticos?

Significa responsabilizar a los políticos por sus acciones y las acciones de su personal, utilizando todos los medios disponibles a nuestra disposición:

  • a través del periodismo de investigación (lo que solía denominarse el Cuarto Poder) que ilumina e informa
  • a través de denuncias de alertadores que exponen la corrupción
  • a través de demandas judiciales que desafíen la mala conducta
  • a través de protestas y acciones políticas de masas que recuerdan a los poderes fácticos (the powers-that-be) que “nosotros, el pueblo”, somos los que decidimos…

Recuerde, la educación precede a la acción.

Los ciudadanos, necesitan hacer el arduo trabajo de educarse sobre lo que está haciendo el gobierno y cómo responsabilizarlo.

No se permitan existir exclusivamente en una cámara de eco que esté restringida a las vistas con las que estén de acuerdo.

Exponerse a múltiples fuentes de medios, independientes y convencionales, y pensar por sí mismo.

Para el caso, no importa cuáles sean sus inclinaciones políticas, no permita que su sesgo partidista triunfe sobre los principios que sirven de base para nuestra república constitucional.

Como señala Beauchamp,

Dicho esto, si permitimos que las urnas se conviertan en nuestro único medio de hacer retroceder al estado policial, la batalla ya está perdida.

La resistencia requerirá una ciudadanía dispuesta a ser activa a nivel local.

Sin embargo, como señalo en Battlefield America – The War on the American People, “si espera para actuar hasta que el equipo SWAT esté atravesando tu puerta, hasta que tu nombre se coloque en una lista de terroristas, hasta que se te informa de actividades prohibidas como recoger agua de lluvia o dejar que sus hijos jueguen afuera sin supervisión,

…entonces será demasiado tarde.

Esto es lo que sé:

No somos números sin rostro.

No somos engranajes de una máquina.

No somos esclavos…

Somos seres humanos y, por el momento, tenemos la oportunidad de permanecer libres, es decir, si abogamos incansablemente por nuestros derechos y resistimos en todo momento los intentos del gobierno de encadenarnos.

Los Fundadores (de Estados Unidos) entendieron que nuestras libertades no fluyen del gobierno. No nos fueron entregadas solo para ser quitadas por voluntad del Estado. Son inherentemente nuestras.

Del mismo modo, el propósito designado por el gobierno no es amenazar o socavar nuestras libertades, sino salvaguardarlas.

Hasta que podamos volver a esta forma de pensar, hasta que podamos recordar a nuestros compatriotas estadounidenses (y al resto del mundo también…) lo que realmente significa ser libres, y hasta que podamos mantenernos firmes ante las amenazas a nuestras libertades, continuaremos siendo tratados como esclavos, esclavos de un estado policial burocrático dirigido por psicópatas políticos.


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