La biotecnología y el «internacionalismo de la medicina» de Cuba. El «Bioimperialismo» de Monsanto contra la «Biosolidaridad» de Cuba

Los cultivos transgénicos son una forma de imperialismo alimentario. Esta tecnología permite a mega-corporaciones como Bayer/Monsanto patentar semillas, atraer a los agricultores para que las compren con visiones de alto rendimiento, y luego destruir la capacidad de los pequeños agricultores para sobrevivir.

by Don Fitz

La ingeniería genética produce una combinación artificial de rasgos vegetales que a menudo da lugar a alimentos con menos valor nutritivo, al tiempo que introduce problemas de salud en los animales y los seres humanos que los consumen. Aumenta el costo de la producción de alimentos, empujando a millones de agricultores de todo el mundo a la pobreza y expulsándolos de sus tierras.

Las corporaciones agrícolas obtienen el control de enormes cantidades de tierra en África, América Latina y Asia que utilizan para controlar el suministro de alimentos del mundo y cosechan superbeneficios de la mano de obra barata de quienes trabajan para ellas, a veces personas que alguna vez fueron propietarias de la misma tierra. Estos cultivos pueden desarrollarse en pruebas a campo abierto, lo que permite que el nuevo polen contamine a los parientes silvestres de los cultivos diseñados.

Las agroindustrias que dominan este proceso tienen los recursos para presionar a dos secciones de los gobiernos. Le dicen a una agencia gubernamental que sus plantas no necesitan pasar las pruebas de seguridad porque son «sustancialmente equivalentes» a las plantas ya existentes. Sin embargo, del otro lado de sus bocas, los abogados de las empresas argumentan que, lejos de ser equivalentes a las plantas existentes, sus plantas de ingeniería son tan novedosas que merecen patentes, patentes que permiten a las empresas demandar a los agricultores que guardan semillas para plantar durante la próxima temporada.

Como residente de St. Louis, antigua sede mundial de Monsanto (ahora Bayer), he participado y organizado docenas de acciones en la sede mundial de la empresa, así como foros y conferencias. Es necesario comparar el uso de la biotecnología por parte de las corporaciones de alimentos con el de Cuba para decidir si son iguales o fundamentalmente diferentes.

La medicina en Cuba

John Kirk’s Health Care without Borders: Understanding Cuban Medical Internationalism (2015) ofrece una gran cantidad de información sobre el uso temprano de la biotecnología en la medicina en Cuba. Es un país pobre que sufre los efectos de un bloqueo por parte de los EE.UU. que interfiere con su acceso a materiales, equipos, tecnologías, finanzas e incluso el intercambio de información. Esto hace que sea notable que los institutos de investigación de Cuba hayan producido tantos medicamentos importantes. Incluso una lista parcial es impresionante. El uso de Heberprot B para tratar la diabetes ha reducido las amputaciones en un 80 por ciento. Cuba es el único país que ha creado una vacuna eficaz contra la meningitis bacteriana de tipo B, y ha desarrollado la primera vacuna sintética para la Haemophilus influenza tipo B (Hib), que causa casi la mitad de las infecciones de meningitis pediátrica. También ha producido la vacuna Racotumomab contra el cáncer de pulmón avanzado y ha comenzado a realizar pruebas clínicas de Itolizumab para combatir la psoriasis grave.

Los esfuerzos más conocidos de la biotecnología cubana fueron, con mucho, los que siguieron a un brote de dengue en 1981, cuando sus investigadores descubrieron que podía combatir la enfermedad con el interferón alfa 2B. El mismo fármaco se convirtió en un medicamento de vital importancia décadas más tarde como una posible cura para el COVID-19. Los interferones son proteínas de señalización que pueden responder a las infecciones fortaleciendo las defensas antivirales. De esta manera, disminuyen las complicaciones que podrían causar la muerte. Los interferones de Cuba también han demostrado su utilidad y seguridad en el tratamiento de enfermedades virales como la Hepatitis B y C, el herpes y el VIH-SIDA.

Un cuento de dos tecnologías

Hay marcadas diferencias entre la biotecnología corporativa para la alimentación y los medicamentos de Cuba para la salud. Primero, las corporaciones producen alimentos que no son más saludables que los alimentos no diseñados a los que reemplazan. La biotecnología de Cuba mejora la salud humana a tal grado que docenas de naciones han solicitado el Interferón Alfa 2B.

Segundo, la producción corporativa de alimentos expulsa a la gente de sus tierras mientras hace muy ricos a unos pocos inversionistas. Nadie pierde su hogar debido a los avances médicos cubanos.

Tercero, el imperialismo alimentario fomenta la dependencia pero Cuba promueve la independencia médica. Mientras que la biotecnología corporativa drena el dinero de los países pobres monopolizando los organismos genéticamente modificados (OGM), Cuba se esfuerza por producir medicamentos lo más barato posible.

Las patentes de sus muchas innovaciones médicas están en manos del gobierno cubano. No hay ningún impulso para aumentar los beneficios cobrando precios escandalosamente altos por los nuevos medicamentos – estos medicamentos se ponen a disposición de los cubanos a un costo mucho más bajo de lo que lo harían en un sistema de salud basado en el mercado como el de los Estados Unidos. Esto tiene un profundo impacto en el internacionalismo médico cubano. El país proporciona medicamentos, incluidas las vacunas, a un costo lo suficientemente bajo como para que los objetivos de las campañas humanitarias en el extranjero sean más alcanzables. Su uso de vacunas sintéticas para la meningitis y la neumonía ha dado lugar a la inmunización de millones de niños latinoamericanos.

La otra fase de la biotecnología médica de Cuba también es desconocida en el mundo empresarial. Se trata de la transferencia de nueva tecnología a los países pobres para que puedan producir medicamentos por sí mismos y no tengan que depender de la compra de los países ricos. La colaboración con Brasil ha dado como resultado vacunas contra la meningitis a un costo de 95¢ en lugar de 15 a 20 dólares por dosis. Cuba y Brasil trabajaron juntos en varios otros proyectos de biotecnología, incluyendo el Interferón Alfa 2B, para la hepatitis C, y el eritropoyetín humano recombinante (rHuEPO), para la anemia causada por problemas renales crónicos.

En perspectiva

El panorama general es que la tecnología de todo tipo no es «libre de valores», sino que refleja factores sociales en su desarrollo y uso. Las plantas nucleares requieren fuerzas militares para protegerse de los ataques, lo que las hace atractivas en cualquier sociedad dominada por aquellos que emplean un alto grado de violencia para suprimir la disidencia.

Las fuerzas del mercado dentro del capitalismo seleccionan tecnologías que son rentables, incluso si son destructivas para el bienestar humano. Por supuesto, la medicina como los antibióticos benefician a la humanidad, incluso si su objetivo original eran los beneficios para los gigantes farmacéuticos.

En otras ocasiones, los productos que dañan a la sociedad en su conjunto se persiguen porque aumentan los beneficios corporativos debilitando los sindicatos. Los equipos de plantación y cosecha se han utilizado para socavar los esfuerzos de organización de los trabajadores agrícolas. A mediados de la década de 1880, Chicago McCormick adoptó nuevas máquinas de moldeo que podían ser manejadas por trabajadores no cualificados. La empresa las utilizó para sustituir a los trabajadores cualificados del Sindicato Nacional de Moldeadores de Hierro.

Las tecnologías costosas pueden destruir a los pequeños competidores para que las grandes empresas con más capital puedan controlar mejor el mercado. Ningún caso es más claro que el uso de OGMs en la agricultura. Mediante el uso del control del mercado (haciendo que las semillas no modificadas genéticamente no estén disponibles), el terrorismo financiero (como los juicios contra los agricultores resistentes) y la cinta de correr de la adicción a los pesticidas, los gigantes de los OMG como Bayer/Monsanto han aumentado el costo de la producción de alimentos. Esto destruye los medios de vida de los pequeños agricultores de todo el mundo, al tiempo que transforma a los grandes agricultores que permanecen en semivasos de estos señores multinacionales de las semillas y los plaguicidas.

Aunque un siglo los separaba y afectaban a diferentes tipos de trabajo, las acciones de McCormick y Bayer/Monsanto tenían algo en común. Ambos utilizaron tecnología novedosa que resultó en productos menos deseables pero con mayores ganancias.

Debido a que eran un arma invaluable contra el sindicato, McCormick utilizó máquinas de moldeo que producían piezas de fundición inferiores y costaban más a los consumidores. Los OGM en la agricultura dan como resultado alimentos de menor calidad. Dado que dos tercios de los OGM están diseñados para crear plantas que pueden tolerar pesticidas venenosos como el Roundup, los residuos de pesticidas aumentan con el uso de OGM.

Los OGM también se utilizan para aumentar la producción de jarabe de maíz, que endulza una cantidad creciente de alimentos procesados, contribuyendo así a la crisis de la obesidad. Al mismo tiempo, los alimentos diseñados para que sean uniformes, sobrevivan al transporte y tengan una vida útil más larga contienen menos valor nutritivo. El uso de OGM en la agricultura empresarial es uno de los mayores factores que contribuyen al fenómeno de que las personas tengan simultáneamente sobrepeso y estén desnutridas.

El uso de la biotecnología en Cuba para crear medicamentos contrasta fuertemente con McCormick y Bayer/Monsanto. Sus medicamentos, especialmente el Interferón Alfa 2B, se utilizan para ayudar a las personas a superar enfermedades. Se crean para compartir en todo el mundo y no para llevar a la gente a una pobreza peor. Hacer una distinción entre la biotecnología de Bayer/Monsanto y Cuba requiere entender la diferencia entre el bioimperialismo y la biosolidaridad. El imperialismo se somete. La biosolidaridad da poder.


Don Fitz (fitzdon@aol.com) está en el consejo editorial de Pensamiento Social Verde donde apareció una versión de este artículo. Partes de este artículo son de su próximo libro, Cuban Health Care: La Revolución en curso, que será publicado por Monthly Review Press en junio de 2020.

The original source of this article is Global Research

Copyright © Don Fitz, Global Research, 2020



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