Amnistía Internacional: Navalny es un prisionero de conciencia. Pero no Manning, Assange o Mandela

Amnistía Internacional tiene una larga y sórdida historia con su designación de presos de conciencia, negándosela a los enemigos del gobierno de Estados Unidos y concediéndola a algunos personajes poco recomendables.

by Alan Macleod

El político ruso Alexei Navalny sigue detenido en Rusia tras regresar a su país a principios de este mes. El hecho generó titulares en todo el mundo, ya que el abogado de 44 años fue detenido inmediatamente en un aeropuerto de Moscú, y personalidades occidentales elogiaron su valentía. “La heroica lucha de Navalny no es diferente de la que llevaron a cabo Gandhi, King, Mandela y Havel. Aunque Navalny no ha triunfado todavía, no debería haber ninguna duda de que su causa es buena y justa”, escribió el ex embajador de Estados Unidos en Rusia Michael McFaul. El presidente Biden también presionó a Putin sobre el tema en una reunión celebrada ayer.

Navalny ha pasado cinco meses en Alemania recuperándose de un presunto envenenamiento que atribuye a agentes del gobierno, aunque una encuesta reciente sugería que sólo el 15% de los rusos estaba de acuerdo con él. Los fiscales alegan que el líder del Partido Rusia del Futuro violó los términos de su condena condicional por malversación de fondos, y Navalny y sus aliados afirman que los cargos tienen una motivación política.

Sea como fuere, su detención desencadenó protestas en más de 100 ciudades rusas, muchas de ellas muy multitudinarias. Al parecer, se detuvo a más de 3.700 personas, de las cuales más de 1.400 sólo en Moscú, mientras las tensiones amenazan con desbordarse. Amnistía Internacional declaró a Navalny “preso de conciencia”, exigiendo que “las autoridades deben liberar inmediata e incondicionalmente” al destacado crítico del Kremlin.

Una denominación dudosa

Sin embargo, “prisionero de conciencia” es una designación que la organización de derechos humanos con sede en Londres se ha negado a aplicar a disidentes occidentales como Chelsea Manning y Julian Assange. Un representante de la organización dijo al periodista Joe Emersberger que no reconocería a Manning como tal porque no estaban seguros de que la denunciante militar filtrara la información de una manera suficientemente “responsable”, afirmando que tampoco estaban seguros de que fuera castigada porque revelara pruebas de abusos generalizados contra los derechos humanos.

Asimismo, aunque Amnistía ha criticado el juicio de Assange (uno que se les ha impedido observar), en 2019, dijo al equipo de la defensa del cofundador de Wikileaks que el suyo es, “un caso que estamos siguiendo de cerca pero en el que no estamos trabajando activamente”. Amnistía Internacional no considera a Julian Assange un preso de conciencia”.

Yendo más atrás, se negó a conceder este estatus al que quizá sea el preso político más famoso del siglo XX, Nelson Mandela. Justificó su decisión basándose en que el líder del Congreso Nacional Africano se negó a renunciar a la lucha armada contra el Apartheid y abogó por la violencia, una decisión que le valió décadas de oprobio.

Sin embargo, el propio Navalny también ha abogado por la violencia. En un vídeo político, describió a los musulmanes del norte del Cáucaso como una “infestación de cucarachas”. Mientras que las cucarachas se pueden matar con una zapatilla, en el caso de las infestaciones humanas, “recomiendo una pistola”, dijo, antes de hacer la mímica de disparar a una.

Ese Alexey Navalny que la BBC nos dice que va a limpiar Rusia parece un buen tipo..

Figuras mucho más violentas que Mandela o Navalny también se han ganado la etiqueta de “preso de conciencia” de Amnistía, como el político venezolano Leopoldo López. López fue uno de los líderes de un golpe de Estado respaldado por Estados Unidos en 2002 y organizó una campaña de violencia insurreccional en 2014 que incluyó el bombardeo de escuelas y universidades, el envenenamiento del suministro de agua y los disparos a periodistas. Murieron 43 personas, y el gobierno estimó los daños causados en 15.000 millones de dólares, más o menos lo mismo que la destrucción causada por la explosión de Beirut en 2020. En 2019, el director para las Américas de la organización declaró que “la justicia internacional es la única esperanza para las víctimas de violaciones de derechos humanos en Venezuela. Es hora de activar todos los mecanismos disponibles para evitar más atrocidades”, dando a entender que apoyaba la campaña liderada por Estados Unidos para derrocar al gobierno.

Conexiones con el poder occidental

Desgraciadamente, Amnistía tiene un largo historial de colaboración con las agencias de inteligencia occidentales para reforzar el cambio de régimen en el extranjero. Uno de los cofundadores de la organización, Peter Benenson, tenía profundos vínculos con las Oficinas de Asuntos Exteriores y Coloniales británicas. Benenson trabajó durante años apuntalando el régimen del Apartheid de Sudáfrica y otras sociedades de supremacía blanca, todo ello a sueldo del gobierno del Reino Unido.

Un segundo cofundador, Luis Kutner, fue un activo del FBI cuya inteligencia se utilizó en el asesinato de la Pantera Negra Fred Hampton por parte de la agencia. También trabajó en secreto para socavar al primer ministro congoleño antiimperialista Patrice Lumumba, cuyo asesinato ha sido fuertemente vinculado a los servicios de inteligencia estadounidenses y belgas. Kutner también formaría el grupo “Amigos del FBI”, una organización supuestamente privada diseñada para combatir las críticas a la oficina por parte de los libertarios civiles y de los auténticos grupos y activistas de derechos humanos.

Las conexiones con el poder occidental continúan en la era moderna. Por ejemplo, Susan Nossel, una funcionaria del gobierno que trabajó estrechamente con Hillary Clinton, Madeleine Albright, Samantha Power y Susan Rice en el concepto de intervención humanitaria, se convirtió en directora ejecutiva de Amnistía Internacional USA en 2012 (y desde entonces también ha ocupado cargos de responsabilidad en otras organizaciones como Human Rights Watch y PEN International). 2012 fue también el año en que Amnistía lanzó una campaña de vallas publicitarias en la que alababa a la OTAN por su supuesta buena labor de ayuda a las mujeres en Afganistán. “OTAN: mantén el progreso”, decían los anuncios, lo que provocó un rechazo mundial.

En última instancia, Amnistía sigue realizando un importante trabajo y proporcionando informes cruciales que documentan los abusos en todo el mundo. Sin embargo, lo hace manteniendo una relación demasiado estrecha con los gobiernos occidentales, que a su vez son las principales fuentes de abusos contra los derechos humanos en todo el mundo. Estas limitaciones llevan a la organización a apresurarse a defender a los disidentes de las naciones enemigas, pero a ignorar o restar importancia a sus pares en Occidente. El caso de Navalny es el último ejemplo de ello.


Foto de portada | Alexei Navalny es rodeado por periodistas dentro del avión antes de su vuelo a Moscú en el Aeropuerto Berlín Brandenburg (BER) en Schoenefeld, cerca de Berlín, Alemania, 17 de enero de 2021. Mstyslav Chernov | AP

Alan MacLeod es redactor sénior de MintPress News. Tras finalizar su doctorado en 2017 publicó dos libros: Bad News From Venezuela: Twenty Years of Fake News and Misreporting y Propaganda in the Information Age: Still Manufacturing Consent, así como una serie de aca


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